La inconmensurable urbanización planetaria.

 

Somos ciudadanos del mundo, el implacable proceso de urbanización del orbe ha llegado a casi todos los confines de la superficie de este planeta acuoso en el que la especie humana ha invadido desmedidamente la porción terrestre que entre otras cosas, da el nombre al astro que nos alberga.

 

La civilización humana es muy joven respecto a los casi catorce mil millones de años que tiene el universo y los cuatro y medio millones de años de edad de la Tierra; ni que decir de los apenas seis o siete mil años que tienen las que al parecer fueron las primeras ciudades establecidas por el hombre; pero el acelerado proceso de colonización y esterilización de los otrora campos verdes, selvas, bosques inexpugnables, sabanas repletas de diversidad biológica y praderas domesticadas ha cubierto una proporción impredecible e incontrolable de territorios; como una organismo vivo que se extiende por doquier, la ciudad, máxima creación del hombre, no se compadece de las dimensiones espaciales ni temporales.

 

No respeta culturas, geografías, razas, civilizaciones, lenguas ni advertencias o estrategias de planificación. Incluso y a pesar de que el hombre mismo dentro de su proceso evolutivo se mantuvo por más de cuarenta mil generaciones como un  animal nómada, en unos cuantos años se estableció sedentario conformando las más impresionantes de sus huellas: las urbes.

 

Objetos majestuosos, descomunales, enormemente complejos, receptáculos de toda clase de híbridos, manifestaciones, dispositivos habitacionales, mecanismos de relacionamiento, extrañamente virtuales a pesar de la materialidad de su propia consistencia tectónica, parecen la única alternativa viable, aunque impuesta sobre muchos deseos, para permitir la vida de los siete mil millones de habitantes del globo.

 

Piel, cobijo, manto que arropa y determina: comportamientos, maneras, hábitos, relaciones, pensamientos y emociones, la ciudad se posa con su rotunda consistencia y su pesada densidad sobre la delicada faz de la tierra construyendo surcos, cicatrices, tatuajes, marcas, poros, que se entretejen con las sutiles condiciones naturales de ecosistemas integrados e interrelacionados por conexiones visibles e intangibles. Son artefactos de otra naturaleza, de un cuarto reino, que formula un nuevo horizonte indeleble y que predice el nacimiento de una nueva era.

 

Espacios multicolores y pluriculturales, las ciudades encierran una porción de mundo para ser y hacer, como el "Jardín del Edén", configuran una parcela aferrada a la Tierra en conexión celeste que implica realidades espacio temporales pertenecientes a mundos paralelos y mediante una visión utópica formalizan el deseo emotivo de la especie en hábitats elocuentes.

 

Cuerpo mnemotécnico, portador de signos y símbolos que trascienden al individuo y habitan el infinito anhelo de inmortalidad para contrarrestar su fugacidad latente, la ciudad y sus millones de concreciones: Bagdad, Nueva York, Ámsterdam, Brasilia, Caracas, San Pedro Sula, Kuala Lumpur, Lagos, Kralendijk, Bamaco, Victoria, Asmara, Harare… han dibujado en unos pocos siglos una nueva tierra, luminosa en las noches, repleta de bullicio y olores, efervescente y áspera, aleatoria y dinámica, desafiante y frágil.

 

Ha puesto al planeta al límite del desequilibrio, ha roto todas las predicciones, ha creado otra forma de vida: el homo urbanus. Juega a los colores, compone siluetas, paisajes y trayectos; define lo indefinido y deconstruye lo sólido, desvanece sueños, arma trampas y alberga lo inasible. Es escenario de todo.

 

Su reproducción innumerable y vasta, subrayada en esta obra plástica, deja ver la homogeneidad de su textura, pero al mismo tiempo evidencia la singularidad de sus manifestaciones dilatadas a lo largo y ancho de la superficie planetaria para insistir en la utopía formal.

 

La expresión de este "Jardín del Edén", extiende pues la idea de que la ciudad ha superado al arte, ella es obra de arte: la magna urbe de la experiencia estética sobre el cuerpo celeste que se resiste.

 

Medellín, Marzo de 2014.

EL Jardín del Edén

 

A comienzos del tercer milenio

Arq. Doctor en Artes, JUAN DAVID CHÁVEZ GIRALDO

Profesor Titular Universidad Nacional de Colombia